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Actitudes, reflexiones

La Misión de un Estado


Art. 13. El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen. (Constitución Española de 1812)

felicidad.

(Del lat. felicĭtas, -ātis).

1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.

2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo

3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad

austero, ra.

(Del lat. austērus, y este del gr. αὐστηρός).

1. adj. Severo, rigurosamente ajustado a las normas de la moral.

2. adj. Sobrio, morigerado, sencillo, sin ninguna clase de alardes.

3. adj. Agrio, astringente y áspero al gusto.

4. adj. Retirado, mortificado y penitente.

¿Dónde se nos perdió el Norte?

Hace dos siglos que nos dejaron este valioso legado que dice mucho más que todas la proclamas de aquí, del centro de poder continental y de allende los mares. Es simple: todo el esfuerzo del gobierno, y del resto de los poderes de una nación debe de supeditarse a ese intangible objetivo de lograr su felicidad.

Y la felicidad de una nación es obviamente la de sus ciudadanos: los ricos pero también los menos ricos, los altos y los bajos, los listos y los que viven en la hinopia, los electores y los elegidos…todos.

El preámbulo de nuestra Constitución vigente,  166 años después, matiza esta idea y la lleva a un plano mucho más prosaico en comparación: “…Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida..”  “…establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran…” y “…Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.”

La felicidad es, por así decirlo, trasmutada, reconducida hacia el plano de lo material, de lo próspero en el que la calidad de vida queda por concretarse y en última instancia, queda disuelta, eliminada. Podrá parecer que la esencia permanece pero entiendo que todo lo contrario desde el momento que lo económico deja de ser un medio y pasa a ser fin.

La felicidad como objetivo, como principio rector, es algo a retomar y pronto. Ahora que lo austero invade –al 99% de los ciudadanos– no hemos de olvidar que por el camino hemos perdido nuestro derecho a exigir al Gobierno y por ende al resto de los poderes del Estado su obligación de perseguir la felicidad de todos. Recuperémoslo y premiemos a los que lo lleven como objetivo, que vaya que si merece modificar la Constitución por ese fin.

Educar para ser feliz. (En convergencia evolutiva con mi admirado Punset)

Saludos calamares.

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